En la segunda mitad de los años sesenta y los inicios de los setenta, los puntos más altos del desarrollo de la teoría social en América Latina estuvieron directamente relacionados con la problemática de la dependencia. La incorporación de esta noción al campo del marxismo fue uno de los elementos que potenciaron el avance de las ciencias sociales en esos años.
La apropiación por el marxismo de la categoría “dependencia” no fue un proceso fácil ni exento de contradicciones. Por el contrario, sólo después de una década de discusiones, avances y retrocesos, se logra romper con el cordón umbilical heterodoxo que caracteriza su nacimiento en América Latina.
Dos grandes procesos marcan la historia y el curso de las ciencias sociales latinoamericanas en los años sesenta. Ambos, con raíces totalmente contradictorias, están en la base de los fenómenos que generaron los estudios de la dependencia y el curso de estos análisis. El primero de ellos es la Revolución cubana, que se constituyó en uno de los principales parámetros en las definiciones teóricas y políticas del continente en la época.
Otro factor que incide en el surgimiento de la dependencia, como temática de análisis en las ciencias sociales latinoamericanas, es la creciente integración del proceso productivo de las economías de América Latina con el capital extranjero, en los años cincuenta y sesenta, fenómeno que agudiza las contradicciones sociales en la región. Este proceso pone fin a las ilusiones de un capitalismo autónomo y al carácter democrático y progresista de la burguesía industrial, lo que hizo entrar en crisis la reflexión de los intelectuales que dieron vida a la llamada “teoría del desarrollo “y provocó fisuras teóricas en el seno de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), proceso que radicalizará la noción de dependencia.
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