Los estudiosos señalan que el marxismo empezó a difundirse en América Latina hacia finales del Siglo XIX, introducido por emigrantes alemanes (algunos muy representativos, como German Ave-Lallemant), italianos o españoles, inspirando la creación de organizaciones socialistas vinculadas al pensamiento de la II Internacional, como el Partido Socialista Argentino (fundado en 1895) y el Partido Socialista Obrero de Chile. Fue precisamente el argentino Juan B. Justo, uno de los primeros traductores de "El Capital" al español (1896).
Este primer marxismo que tuvimos y experimentamos, que podríamos denominar de la primera generación de difusores y propagandistas, fue en gran medida calco y copia del pensamiento emancipador de origen europeo que había que "aplicar" a las formaciones sociales de América Latina, en lugar de intentar asumirlo como propio desde estas realidades; concepción social evolucionista, determinista, impregnada incluso de darwinismo social, que convertía al marxismo en una doctrina, un conjunto de proposiciones fijas y cerradas.
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